La Concha de Gran A'Tuin -- Gremio de Artesanos


Tercera Parte

Por los miembros de la Bugarup University

En lo que llevamos de historia, Tarzán ha rescatado a Jane balanceándose en una liana, y ahora Jane se lo está agradeciedo repetidas veces (de la única forma que sabe, mediante un... apretón de manos), mientras Chita observa la escena desde lejos.

Lo siento, nos volvimos a equivocar... Malditas partículas de inspiración, siempre tocando los... En fin, que aquí está la tercera parte de la historia.


      Transcurrieron dos semanas, cogidas de la mano, y se fueron trotando hacia el pasado como todas sus antepasadas...
      ... Y finalmente llegó el día de la competición de esfumino.
      Los hechiceros de la Universidad Invisible de Ankh-Morpork se levantaron temprano1 y la mayoría sólo pudieron comerse la mitad de su pre-pre-pre desayuno por culpa de la emoción. Ridcully, el Archicanciller, entró a grandes pasos en el Gran Salón, directo hacia la conmoción y el caos abolutos.
      -¡Tesorero! ¡Tesorero! ¡No! ¡Que alguien... maldita sea! ¡Alejadle de ese... maldición! ¡No bebas eso! ¡MALDITA SEA! -el Decano estaba desesperadamente ajetreado tratando de impedir que el esfumino fuera derramado, bebido, perdido o utilizado como un sustituto del café por los magos más adormilados.
      -¡Maldita sea! ¿Dónde están las pastillas de rana seca del Tesorero? -lo que siguió fue un silencio absoluto, como ocurre normalmente cuando alguien grita alguna cosa con una voz innecesariamente alta, lo que atrae una embarazosa cantidad de atención hacia él.
      -Um... -dijo el Conferenciante de Estudios Indefinidos-. ¿No le dimos las últimas a HEX?
      Lo que siguió fue un silencio todavía mayor, como ocurre normalmente cuando alguien tiene que dar una respuesta racional a la persona que acaba de gritar demasiado alto y ya se estaba sintiendo bastante observada 2.
      -Ah. Vale -dijo el Decano con un poco menos de confianza-. Bueno, es que... ¿¿¿QUÉ ESTÁIS MIRANDO TODOS???
      Los hechiceros se lanzaron miradas cargadas de sentido, mientras sus cejas levantadas reconocían la presencia de tres signos de interrogación: un claro signo de locura.
      -Decano... -comenzó Ridcully, que había estado aguardando con paciencia (y con bastante sabiduría) en la puerta.
      -¡¿¿QUÉ??! Oh... Archicanciller.
      Ridcully levantó una ceja. Algunos de los magos con menos experiencia soltaron unas risitas inmaduras, como ocurre por todo el multiverso cuando un miembro del grupo es pescado y dejado en ridículo por una figura de autoridad. El decano les miró.
      -¡Y vosotros, a callar! Limitaos a... a... -en la mente del Decano tuvo lugar una batalla menor aunque impresionante para hallar una contestación memorable a sus burlas-. ¡Limitaos a desayunar!
      Más silencio expectante. El silencio, a causa de los niveles peligrosamente altos de magia pura en la UI, había desarrollado una forma de vida propia. Ahora mismo estaba empezando a instalarse y hacer nidos en las vigas.
      -¡Maldita sea! -volvió a gritar el Decano, desesperado por cambiar de tema-. ¡Joder! ¡Que alguien aleje al Tesorero del esfumino!
      Ridcully se aclaró la garganta. Fue un sonido relativamente pequeño, pero llevaba implícito un aire de autoridad y un cierto grado de amenaza que consiguieron que todos los magos de la habitación quedaran en silencio 3.
      -Los hechiceros de la Universidad de Bugarup llegan hoy desde XXXX -dijo-. Por supuesto, entrarán en la competición de esfumino, y se quedarán aquí con nosotros.
      Hizo una pausa para lanzar una mirada llena de significado.
      -No quiero problemas, ¿me habéis oido todos?
      Hileras de caras demasiado inocentes le miraron. Un coro de "No, señor" y "¿Nosotros, señor?" llenó la habitación.
      Ridculy suspiró, desesperado.


      El Bibliotecario se reclinó en su asiento y sonrió.
      -Oook -dijo con satisfacción. En su mano tenía una jarra burbujeante llena de un esfumino de aspecto terrible.


      Lejos, en las Montañas del Carnero, las brujas se estaban preparando para partir.
      -Conque el extranjero, ¿eh? -murmuraba Yaya-. No aguanto tener que viajar al extranjero.
      -Pero bueno, Esme, ¿por qué? -dijo Tata, que solo estaba escuchando a medias porque también trataba de sacar a Greebo de un nicho de la chimenea que había excavado previamente a garrazos. Magrat ya estaba en el tejado, empujando desde el otro lado.
      -Porque el extranjero no es aquí, y tienes que estar aquí porque aquí es donde estás donde quiera que estés, así que si no estás aquí no estás en ningún lado, lo cual es imposible a menos que estés muerta, y yo no lo estoy, así que el extranjero está mal y ninguna persona como debe ser iría allí.
      Tata dejó lo que estaba haciendo para absorber plenamente esa lógica.
      -¿Y qué me dices de "allí", entonces? -preguntó con inocencia.
      -¿Qué? -repuso Yaya, cogida momentáneamente con la guardia baja.
      -¿Y allí? Si no estás "aquí", entonces podrías estar "allí"
      Yaya se paró a pensar antes de responder.
      -Bueno, "allí" no es "aquí" y "aquí" es el único lugar correcto donde estar, luego estar "allí" es tan malo como no estar en ningún sitio, que es donde está el extranjero -replicó orgullosa.
      -En serio, Esme -dijo Tata-. ¿No estarás... asustada?
      -¡Ja! No hay nada en el Disco que me asuste. No me asusto. En serio, Gytha, deberías saberlo -masculló-. De todas formas, ¿has acabado de hacer el equipaje? Es un viaje largo, y tenemos que llegar con tiempo para la competición de esfumino, y aún no he calentado la escoba.
      Yaya se giró y siguió metiendo cosas en sacos, pero aún así podía sentir la sonrisa de Tata, tratando de meterse en su colleja.


      En Ankh-Morpork, en los pasadizos secretos que había debajo del palacio del Patricio, Leonard se sentó con una sonrisa.
      -¡Eureka!
      El Patricio, que todavía estaba de cara a la pared (no por modestia, sino más bien por no querer que la imagen de Leonardo sentado desnudo en la bañera se tatuara para siempre en su cerebro), cogió una toalla y la pasó por encima del hombro al hombre.
      -De verdad, Leonardo. No sé por qué tienes que sentarte en el baño para eso.
      Leonardo sonrió.
      -Todas las grandes ideas llegan a las personas que se sientan en el baño el suficiente tiempo. He hecho experimentos al respecto, ya sabe.
      El Patricio asintió. No lo dudaba ni por un momento.
      -Además -continuó Leonardo-, he descubierto que la combinación de sentarse en el baño y una exclamación de "¡Eureka!" en un momento calculado con precisión genera ideas de una calidad muy alta. Fascinante, ¿verdad? Y correr desnudo por la calle antes de que pasen 4,9 segundos desde el descubrimiento también incrementa mucho la inspiración.
      El Patricio suspiró.
      -No creo que eso sea... recomendable -dijo al fin-. Aunque podrías correr por el pasillo de fuera de la puerta si crees que irá bien -acabó, en una muestra poco característica de caridad.
      Leonardo negó con tristeza.
      -Demasiado tarde ya. Me temo que el tiempo máximo que se puede esperar para que funcione son 32,7 segundos. Poner-Cosas-Dentro-Para-Enfriarlas.
      -¿Perdón? -dijo el Patricio. Aunque ya conocía lo errático que era el tren de pensamientos de Leonardo, pensó que esta vez era mejor preguntar.
      -Es con lo que he perfeccionado la receta del esfumino -dijo Leonardo alegremente mientras se secaba-. Pensé en congelarlo justo antes de la parte final, así que he inventado una cosa enorme y rectangular que parece una especie de armario, pero dentro hace frio y su propósito es congelar cosas. Por eso lo llamo la máquina "Poner-Cosas-Dentro-Para-Enfriarlas".
      El Patricio suspiró de nuevo.
      -Pásame el esfumino, ¿quieres? Tengo muchas cosas que hacer.


      ... Y muy muy lejos, aunque tal vez también muy, muy cerca (ya que el tiempo y el espacio no existen en este mundo), la Muerte observaba.
      ALBERT. ¿SE SUPONE QUE HA DE HACER BURBUJAS?
      Su sirviente se acercó pacientemente y observó con cuidado el interior del caldero.
      -Ummm... No veo por qué no... -replicó lentamente, mientras se alejaba levemente del hogar. Estaba perdiendo poco a poco el autocontrol, a medida que progresaba el día. Primero su amo decidió entrar en el concurso. ¡La Muerte en un concurso de esfumino! Comprendía que su amo encontrara fascinantes a los humanos y su obra, pero preferiría que dejara de interferir con la esperanza de Que Se Le Aceptara. Pero, por si no fuera suficiente, había decidido hacer él mismo el esfumino.
      ¡La Muerte inventando!
      ¡La Muerte creando!
      No estaba bien y no podía ser. La Muerte no tenía imaginación, aunque lo intentaba de todas formas. Albert había observado tristemente mientras el esqueleto buscaba ideas en sus libros de cocina, y finalmente decidía machacar manzanas4 y añadir todo lo que encontrara. Pero lo hace con mucho orgullo, pensó Albert con tristeza. En términos culinarios, era un desastre, pero no se daba cuenta. No era capaz de pensar de ese modo. Para él, era una creación, algo que había hecho, y eso era lo único que importaba. Incluso había tomado prestado uno de los delantales de Albert, porque había visto ilustraciones que sugerían que eso era lo que había que ponerse para cocinar. Y un gorro de chef. Eso fue lo que terminó de hundir a Albert. Entrar en la cocina y ver a un esqueleto de más de dos metros llevando un gorro de chef y un delantal5, silbando desafinadamente y removiendo una horrible mezcla negra. Si fuera posible, Albert habría muerto del shock.
      ESTOY PREPARADO, ALBERT.
      Su sirviente alzó la cabeza con pesar.
      ¿QUIERES PROBARLO? -preguntó la Muerte tan tímidamente como puede hacerlo un esqueleto sonriente.
      Ofreció a Albert la jarra burbujeante.
      De verdad le preocupa lo que pienso, pensó Albert. Si le dijera que está malo, le mataría. Bueno... metafóricamente, claro... Albert cogió la jarra y fingió beber moviendo la garganta pero manteniendo la boca cerrada para que no entrara nada. La Muerte, como creía Albert que ocurriría, picó.
      -Mmmm... -dijo-. Horriblemente delicioso, amo.


      Lejos, muy por encima del océano, en medio de la nada, había una vista impresionante. Si alguien hubiera estado observando, había visto a ocho magos bien apretados en medio de una alfombra voladora que iba a gran velocidad. Lo que más hubiera interesado a este observador desconocido hubieran sido los tapones de corcho que colgaban ceremoniosamente de las puntas descosidas de la alfombra.
      -... Y aquí, a la izquierda, hay un interesante ejemplo de Merluza Despistada, que en realidad no es nativa de esta región...
      Siete magos se giraron con cuidado para mirar al octavo.
      -Estamos suspendidos a treinta metros por encima de una muerte segura, volando a gran velocidad encima de un tejido, ¿y tú nos estás haciendo una visita turística? -gritó el manojo de nervios, también conocido como el Profesor de Reliquias Futuras de la Universidad de Bugarup.
      -Bueno, soy el Decano de Estudios Ultramarinos y estamos en ultramar, por tanto estoy estudiando -replicó su compañero con tranquilidad.
      Reliquias Futuras le miró con rabia contenida.
      -¿Tenéis alguna idea de lo que este viaje le está haciendo a mi cabello? ¿Cómo se supone que he de deslumbrar a los ciudadanos de Ankh-Morpork con mi extraordinaria belleza si insistes en dirigir esta cosa por tantas corrientes de aire? -levantó la mano con cuidado para alisar su cabello por ciento onceava vez esa mañana. Estudios Ultramarinos giró los ojos melodramáticamente.
      -¿Quién ha dicho que yo dirija esta cosa?
      Hubo un silencio6.
      El Archicanciller fue el primero en hablar.
      -Ummm... En todo caso, ¿de quién fue la idea de coger una alfombra voladora para ir a la competición de esfumino?
      El Decano de la UB levantó la cabeza del mini-HEX portátil en el que estaba tecleando.
      -Creo que fue tuya, Archicanciller -dijo.
      -Oh.
      -Pero creo que el Contemplador Silencioso de Ideas Irrelevantes se oponía a ella -acabó el Decano.
      Todos se giraron hacia Ideas Irrelevantes, que enrojeció al recibir toda esa atención.
      -¿Y por qué no dijiste nada? -preguntó el Archicanciller.
      Ideas Irrelevantes le dirigió una Mirada.
      -Tal vez porque soy un Contemplador Silencioso.
      -De Ideas Irrelevantes -dijo el Archicanciller, tratando de aferrarse a su idea-. Yo no diría que tu objeción a esto sea irrelevante.
      Hubo una pausa en la que apenas se pudo oir el sonido de unos dados, seguido por un "Joder" aún más débil.
      En un momento de inspiración propiciado por el Destino, Ideas Irrelevantes respondió:
      -Sí, pero cualquier objeción a tu opinión en ese momento hubiera sido irrelevante, ¿verdad?
      Hubo otra pausa, sólo interrumpida por un suave coro de "Ahí te ha pillado, Archicanciller" y "Sí que es verdad".
      El Archicanciller se levantó para dar lo que hubiera sido un grito de naturaleza impresionante que podría haber entrado en la historia, pero desafortunadamente recordó dónde estaba y sobre qué material estaba flotando a tiempo para dar un pequeño gritito y caer sobre un montón bastante poco elegante de hechiceros.
      Ruinas Actuales dejó de organizar su colección de sellos klatchianos y cogió algo de una gran bolsa que tenía al lado.
      -Tomad, creo que os vendrá bien -dijo con generosidad mientras ponía una cerveza en una mano que no se resistió.
      -Chin chin -murmuró el Archicanciller.
      Hubo un silencio momentáneo antes de que el Decano preguntara de repente:
      -¿Dónde está el Bibliotecario?
      Pausa.
      -Ummm... Me parece que dijo que nos reuniríamos más adelante -dijo Ruinas Actuales sin demasiada confianza.
      Se produjo otra pausa mientras todo el mundo asimilaba esto último.
      -¿Cómo? -preguntó Ideas Irrelevantes, poniendo voz a los pensamientos de todo el mundo, ante lo cual el Archicanciller le lanzó una mirada y le hizo el clásico gesto de cerrar la boca con cremallera.
      Otra pausa.
      -Supongo... que sabe lo que se hace -sugirió el Archicanciller.
      -Maldita sea -murmuró Reliquias Futuras-. Devolvédmelas si no os importa.
      Continuaron en silencio un rato antes de que el Profesor de Oscuridades Antiguas abriera la boca y cambiara de tema.
      -Creo que necesitamos alguna actividad de grupo, ya sabéis, para pasar el rato -dijo con entusiasmo-. Me sé una historia genial sobre la evolución de las especies menos conocidas de la pulga de Morpork, llamada también la "ohmierdacómopica". Es más, hay una interesantísima historia detrás...
      -¡Una canción! -intervino el Conferenciante de Melodías Desencadenadas, para alivio de los otros magos-. ¡Creo que necesitamos una canción!
      -Podríamos cantar sobre mi belleza extramundana -sugirió Reliquias Futuras.
      -Claro, supongo que la pregunta es de qué otro mundo es esa belleza -murmuró Estudios Ultramarinos, que estaba algo resentido con su compañero.
      Hubo un coro de risitas contenidas.
      -Reliquias Futuras -dijo finalmente el Archicanciller-, no creo que sea una buena idea...
      -¿Os he dicho que las pulgas tienen la sangre de un color blanco muy interesante como resultado de su evolución en...? -empezó a hablar Oscuridades Antiguas de nuevo, incapaz de coger la indirecta.
      Los magos se miraron entre sí y, como si fueran uno solo7, empezaron a cantar tan alto como pudieron.
      -... Como un bar sin cerveza...
      -... Y mi pelo brilla como si fuera...

En la cuarta parte de esta historia los hechiceros de la Universidad de Bugarup se reunen por fin con sus colegas de la Universidad Invisible. Se resolverá el misterio del viaje del Bibliotecario y conoceremos por fin al misterioso ser que pretende aprovecharse de la competición de esfumino. (Sí, dijimos que eso ocurriría en esta tercera parte, ¿y qué?)

Muy pronto en La Concha de Gran A'Tuin

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Notas a pie de página:

1: A eso de la una del mediodía, para quien le interese, pero la intención es lo que cuenta. Volver.
2: El arte de la conversación suele ser bastante peliagudo. Volver.
3: Una clase diferente de silencio, eso sí. Éste era de color púrpura y prefería anidar en los agujeros de los ratones. Volver.
4: Manzanas fritas, por supuesto. Al fin y al cabo, los libros de cocina eran de Albert. Volver.
5: Que llevaba escrito "EL MEJOR COCINERO DE LA ETERNIDAD". Lo había cosido él mismo. Llevaba incluso pequeños corazones de manzana esqueléticos como decoración. Volver.
6: Este silencio era marrón azulado, más bien grande, y tenía barriga cervecera. Volver.
7: Un solo grupo, pero por desgracia no una sola canción. Volver.


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