Historia ambientada el el Mundodisco (© Terry Pratchett).
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Desde que Ptsoriasis XIV, faraón de la Tercera Dinastía del Pequeño Reino Fluvial Aún Sin Nombre A Orillas del Djel, decidió romper con la antigua tradición que vinculaba al más famoso de los sentimientos con el hígado, su sustituto, el corazón, ha producido él solo más mala literatura que todos los demás músculos juntos. Ya Lucius Truchus, poeta efebano que decía ser descendiente de un primo de Copolímero, dedicó tan apasionados y patéticos versos a la forma en que la visión de Lucilla Grunius Corocota aceleraba su pulso, que el emperador Livio Melonio, esposo de la susodicha, lo hizo ejecutar y, disfrazado de Tupido1 , practicó el tiro al blanco con el corazón del poeta, arrancado de su pecho mientras aún latía. Antes de morir a manos de sus pretorianos2 , Melonio declaró que aquel era el único de sus crímenes del que no se arrepentía. En épocas posteriores proliferaron los casos de corazones ofrecidos de forma más o menos simbólica por los enamorados a sus damas. Célebre es el de aquel trovador de Sto Helit, cuyo envío fue interceptado por el Duque, el cual lo hizo guisar sofrito con cebolla y vino blanco y servírselo a la duquesa, su destinataria, la cual, tras alabarlo encarecidamente, al enterarse de sus ingredientes se convirtió en uno de los primeros casos registrados de fallecimiento por huelga de hambre3 . Pero sin duda el caso más curioso lo protagonizó un tal Don Frenadol de Franconia, audaz y precoz aventurero, huésped de honor de todos los reyes y emperadores del Disco4 y presa codiciada de todas las damas5 menos de la única por la que él desfallecía. Don Frenadol murió al clavarse su propia lanza de forma inexplicable6 mientras luchaba con el ejército de Olaf IV de Tarteria contra los invasores bárbaros7 . El día anterior había hecho jurar a su fiel escudero que, en tal caso le arrancaría el corazón y se lo llevaría a su dama, y el escudero, leal y lacrimoso8 , saló el corazón de su difunto amo para que no se estropease, lo metió en su bolsa y partió rumbo al castillo de la dama. Pero en su camino encontró algo que no esperaba.
Ankh-Morpork, la reina de las ciudades9 , celebraba una de sus fiestas locales. Representantes de los gremios, vestidos con sus mejores galas, desfilaban entre aplausos y banderitas agitadas. El Patricio sonreía desde su tribuna, o al menos eso era lo que querían creer los espectadores.
El sargento Colon, de la Guardia Nocturna, tampoco había participado en el desfile. Alguien tenía que quedarse en el Yard, le había dicho el Capitán Vimes, por si entraban a robar. A Colon le había parecido una excusa patética, pero él y el Bibliotecario de la Universidad Invisible habían organizado una timba con otros deshechos de la sociedad y mientras no faltasen el alcohol, el tabaco y la buena suerte, Colon no echaría de menos ningún desfile.
Otros escuderos hubieran considerado una cuestión de honor buscar el corazón de su amo dondequiera que estuviera. Otros escuderos hubieran regresado al castillo y le habrían contado a la dama lo ocurrido con el susodicho órgano. Pero otros escuderos nunca habían tenido en las manos tanto dinero como el de Don Frenadol de Franconia. Y esos otros escuderos tampoco estaban en los muelles de Ankh-Morpork viendo un barco que estaba a punto de zarpar hacia Klatch en un viaje sin escalas.
-¿Y dice que es un plato típico de dónde? FinNotas al pie:
1: Dios efebano del amor y actividades relacionadas, llamado así porque en lugar de una venda, se cubre toda la cara con un tupido velo. Los investigadores aún se preguntan por qué es lo único que lleva cubierto. Volver. |
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Esta sección de La Concha de Gran A'Tuin está escrita por Condesadedia.