La Concha de Gran A'Tuin -- La Biblioteca de Ankh-Morpork

La Biblioteca de Ankh-Morpork

Fragmento de Jingo

Copyright © Terry y Lyn Pratchett 1997
Traducción: Manu Viciano 2000


 
        Toda la Guardia estaba entrando en la habitación. Vimes miró aquel mar de caras.
        Por todos los dioses, pensó. ¿Cuántos somos ya? Hace unos pocos años se podía contar los miembros de la Guardia con los dedos de la mano de un carnicero ciego, y ahora...
        ¡Hay más gente entrando!
        Se acercó al Capitán Zanahoria.
        -¿Quién es toda esta gente?
        -Guardias, señor. Usted les ha mandado llamar.
        -¿Cómo? ¡Si ni siquiera conozco a algunos de ellos!
        -Firmó los papeles, señor. Y firma su salario cada mes. En algún momento.
        Había un leve matiz crítico en su tono de voz. La forma que tenía Vimes de tratar con el papeleo era no tocarlo hasta que alguien gritara, y entonces al menos había alguien que le ayudara a ordenar los montones.
        -Pero, ¿cómo se unieron?
        -De la manera usual, señor. Les hice el juramento, les di un yelmo a cada uno...
        -¡Oye, ese es Reg Shoe! ¡Es un zombi! ¡Se le caen los trozos a todas horas!
        -Un hombre muy importante en la comunidad de los no-muertos, señor -dijo el Capitán Zanahoria.
        -¿Cómo es que se unió?
        -Apareció la semana pasada para quejarse de que la Guardia había estado molestando a unos hombres del saco, señor. Fue muy, eh... vehemente, señor. Así que le convencí de que lo que necesitaba la Guardia era algo de experiencia en el asunto y se unió, señor.
        -¿No hubo más quejas?
        -El doble, señor. Todas de no-muertos, señor, y todas contra el Sr. Shoe. Curioso.
        Vimes miró a su capitán de reojo.
        -Está muy herido, señor. Dice que se ha dado cuenta de que los no-muertos no comprenden las dificultades de la policía en una sociedad multi-vital, señor.
        Por todos los dioses, pensó Vimes, eso es exactamente lo que yo habría hecho. Pero yo lo habría hecho porque no soy una buena persona. Zanahoria sí que es una buena persona, casi tiene medallas por serlo, seguro que él no... Y entonces supo que jamás lo sabría. En algún lugar detrás de la inocente mirada de Zanahoria había una puerta de acero.
        -Tú le alistaste, ¿verdad?
        -No, señor. Usted lo hizo, señor. Usted firmó los documentos de reclutamiento, de material y de salario, señor.
        Vimes tuvo otra visión de demasiados documentos, firmados con prisas. Pero tenía que haberlos firmado, y necesitaban a los hombres, eso seguro. Era sólo que debería ser él mismo quien...
        -Y cualquier sargento u oficial de grado superior puede reclutar, señor -dijo Zanahoria, como si le hubiera leído los pensamientos-. Está en las Órdenes Generales. Página 22, señor. Justo debajo de la mancha de té.
        -Y... ¿a cuántos has reclutado tú?
        -Oh, sólo a uno o dos. Todavía estamos muy faltos de manos, señor.
        -Lo estamos con Reg. Se le siguen cayendo los brazos.
        Vimes miró a la... bueno, a la multitud. No había otra palabra. Bueno, había muchas, pero ninguna que fuera justo utilizar.
        Grandes, pequeños, gordos, trolls todavía con líquen, enanos con barba, la enorme presencia de porcelana del Agente Dorfl, no-muertos... e incluso ahora no sabía con seguridad si ese término incluía a la Cabo Angua, una chica inteligente y una loba muy útil cuando era necesario. Despojos y descarriados, había dicho una vez Colon. Despojos y jodidos descarriados, porque la gente normal no se hace policía.
        Técnicamente iban todos de uniforme, excepto que la mayoría no llevaba el mismo uniforme que el resto. A todo el mundo se le había dicho que bajara a la armería y cogiera lo que le viniera bien, y el resultado era una exhibición histórica andante: Yelmos Con Formas Divertidas A Través De Los Siglos.
        -Eh... Damas y caballeros... -comenzó.
        -¡Silencio, por favor, y escuchen al Comandante Vimes! -vociferó Zanahoria.
        Vimes se descubrió a sí mismo encontrándose con la mirada de Angua, que estaba apoyada contra una pared. Hizo rodar los ojos con desesperación.
        -Sí, sí, gracias, capitán -dijo Vimes. Volvió a girarse hacia la masa congregada de lo mejor de Ankh-Morpork. Abrió la boca. Miró. Y entonces cerró la boca, toda excepto un rincón. Y, por ese rincón, dijo:- ¿Qué es ese bulto en la cabeza del Agente Flint?
        -Es el agente en pruebas Buggy Swires, señor. Le gusta ver bien.
        -¡Es un gnomo!
        -Acertó, señor.
        -¿Otro de los tuyos?
        -De los nuestros, señor -dijo Zanahoria, de nuevo con el tono de reproche-. Sí, señor. Adscrito a la estación de la calle Chitterling desde la semana pasada, señor.
        -Oh, dioses... -murmuró Vimes.
        Buggy Swires le vió mirar y saludó. Medía diez centímetros.
        Vimes recuperó el equilibrio mental. El largo y el corto y el alto... despojos y descarriados, todos nosotros.
        -No os entretendré mucho -dijo-. Todos me conocéis... bueno, la mayoría me conocéis -añadió, mirando de lado a Zanahoria-, y no hago discursos. Pero estoy seguro de que todos habéis notado que este asunto de Leshp tiene a todo el mundo nervioso. Se habla de guerra. Pues bien, la guerra no es asunto nuestro. La guerra es asunto de los soldados. Nuestro asunto, creo, es mantener la paz. Dejadme que os enseñe esto...


 
(Por si no os acordáis, Reg Shoe salía en El Segador; Swires es el gnomo que Rincewind y Dosflores se encuentran en La Luz Fantástica; Vimes, Colon y Zanahoria aparecen por primera vez en ¡Guardias! ¡Guardias!. La adorable mujer-loba Angua -uno de mis personajes favoritos- aparece por primera vez en Men at Arms).
 
 
< Atrás
<< Biblioteca de Ankh-Morpork
Volver a la Página Principal del Mundodisco