Historia ambientada el el Mundodisco (© Terry Pratchett).
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Hola, soy el soldado raso Carapán de la Guardia Nocturna, y mientras el sargento Zanahoria y el resto estaban de patrulla decidí contaros esta pequeña historia:
Echemos un vistazo al universo. Algunos dirían que es el vacío, pero no, en realidad está lleno de cosas, tenemos montones de puntitos brillantes, hay gran cantidad de rocas flotando, hay planetas... |
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-Er... No, gracias. Quizás en otra ocasión. SEGURO. AGUARDARÉ IMPACIENTE NUESTRO PRÓXIMO ENCUENTRO. Bien, sigamos con nuestra historia. ¿Por donde íbamos? Ah, sí, Rincewind. Como iba diciendo, este hechicero tiene el sentido de la supervivencia más desarrollado que el intelecto de un camello3. Rincewind no sabe lo que es quedarse paralizado en situaciones de peligro. Es más, si hay una situación de peligro lo más probable es que Rincewind haya salido huyendo (discretamente, por supuesto y siempre con alguna excusa plausible) una o dos horas atrás y se encuentre en alguna posada bebiendo tranquilamente. Sin embargo, en determinadas circunstancias, su instinto le falla, o se va de vacaciones. Ésta es una de ellas.
Centrémonos ahora en la masa de humanidad que llena a todas horas las calles de Ankh-Morpork. Ignoremos sin embargo a todos los buhoneros que predican sus mercancías a los incautos, amas de llaves de aspecto siniestro, señoritas de vida alegre (conocidas por las diferentes formas que tienen de transportarte al paraíso), profesionales de la cofradía de asesinos ocultándose de sombra en sombra (estos también te transportan al paraíso pero de otra manera) y toda la serie de personajes más o menos normales -en general, menos- que recorren las calles intentando evitar meterse en los asuntos de los demás4. |
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Notas a pie de página:
1: Al menos, aquellos que no han ido a echarle un vistazo de cerca. Los que sí lo han hecho aún están practicando submarinismo en el Ankh con pesas en los tobillos y con los bosillos vacíos. Volver. |